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Publicado: Lunes, 09 de octubre de 2006

Alfredo Lavergne

Presentación y poemas


Alfredo Lavergne, poeta chileno, Valparaíso 1952. Emigra a Canadá el año 1976, país en el que reemprende su tarea literaria y publica en diferentes medios literarios, donde logra dar a conocer su obra en extenso. Se radica en Québec, Montreal. Se suma al estudio de la obra huidobriana (creacionismo), al haiku (poesía japonesa) y a la creación literaria. Colabora en revistas especializadas, festivales y periódicos. Retorna a Santiago de Chile en 2005.

Su obra ha sido incluida en diversas antologías y revistas. Ha publicado siete libros de poesía en castellano y tres bilingües en idiomas castellano-francés. "Bórrese todo lo que he escrito acerca de qué es poesía. Una vez más me parece sin límites, anterior a toda libertad y prefiero su estética crítica". Y decir que "Los poetas son humanos encadenados al cambio".











Bibliografía


- El Puente. Montreal: Orphée, 1995.
- La mano en la velocidad. Montreal: Orphée, 1993.
- Alguien soñó que no moría/ On ne rêve pas encore à la mort. Montreal: Orphée, 1993.
- El viejo de los zapatos. Montreal: Orphée, 1991.
- Retro-perspectiva / Retro-perspective. Montreal: Orphée, 1991.
- Palos con palitos. Montreal: Orphée, 1990.
- Rasgos separados / Traits distinctifs. Montreal: Orphée, 1989.
- índice agresivo. Montreal: Orphée, 1987.
- Alas dispersas. Montreal: Orphée, 1986.
- Cada fruto. Montreal: Orphée, 1986.



Poesía


El destino del arte

Sobre su caballo venía en una pata
y ejercitaba la vitalidad del hecho creado.
Luego fue el temblor, el crepúsculo y hoy acantilados.

No lo duden,
fueron naturales obstáculos
y la disciplina arbitraria del hombre.

Si les parece que comenzó con el instinto,
no olviden que aprendió a criticar

En las calles

En los particulares trece o equis charcos del criollismo
En los nuevos éxtasis del tránsito de los cerebristas
En la fragilidad del doble palpitar de las esquinas
En la tranquilidad que se anudan las sombras
En el sosiego que acecha en la materia
En la tregua que se funde en la vereda
En el armisticio que acentúa la niebla
En la pluma flotando en la poza
En los postes clavados al cielo
En los grillos que atraviesan
En su pecho de adoquines
En los neones que cambian de rostro
En los silbidos que penetran al sésamo
En los matorrales que se echan en el césped
En la cintura visible de la versión de los periódicos.

Luego,
el arte se presentó
a las estrellas que tumbaron el hacha de las cigüeñas.
Allí encontró un punto, un cabo, una realidad lejana
entre sitios eriazos y rodillas afaroladas.

Así,
se forjó lentamente el proceso artístico de América

Por caminos que son hilos que toman el pulso
Por rutas que sacuden la rodaja de la distancia
Por senderos que rumorean viejas heridas
Por los accesos al beneficio propio
Por el sueño adiestrado por el miedo

Por las formas o los garfios de la moneda
Sus viajes
Estas imágenes Estas apariencias Estas estructuras.

Y murmuran,
que todo ocurrió
para recordar al antiguo ser coloreado de fantasía
o en el equipo que ama al maestro
o en los escaparates de revistas sin puerta de escape.



Sin Poesía la Humanidad agoniza

Al cabo de un tiempo
El pasado sumiso gira sin morder la cola
El espino se corona de cuarzo de sien
Los relámpagos de tejidos mudos
Las hojas son aire que se estremece
El espanto quiebra el báculo de la huella
Las patas de conejos raspan espejos
El trópico pierde en sus mandíbulas
Los frutos arrastran el tronco al monte
Cenan las piedras en el pozo de los niños
Las uñas de las plumas hacen cortacircuito
El arco del verbo pasa por el filo del clavel
Las bocas piden un bien a los traspiés
Las guaridas entregan los ríos perdidos
Los colores gimen en los polos
El bostezo cava la sed en la iguana
El celo galopa en el sol.

Se cumple la profecía de las 9.01 horas.

Sin poesía, la humanidad agoniza.
Primero mueren los poetas.
Tardíos y solitarios
los dioses se echan al hombro
las máscaras.

Sin poesía,
la humanidad agoniza
y la mujer que amamos da a luz otro amor.



En nombre de la poesía

Un poco de fiebre en la quinta vértebra.

Tal vez esta línea imaginaria cercana a las desordenadoras,
o el azur egostático por esos latidos anónimos
o la terapia de vivir sin Dios por una la lectura en el Café.

Hoy se hacen escuchar con sigiloso ritmo
Hoy están descascarándose los maceteros
y los turistas tras la catarsis sólo son viajeros ilustres:

De la rosa a la vena diferente a los puños
a todos los crímenes al silencio al espectáculo
a los cursos de etiquetas al juego al tan-tan
a los sinónimos a las clases de sordera a la nada
a la voz catedrática al grito manual y al verso oficial.

Una vez más a la prepotencia de los marionetos
al bar latino a las tablas de la impunidad
a la divinidad de la transparencia al pañuelo largo
al coqueteo minimalista al vicio del panfleto
a los de la escuela de categoría al In Memoriam
a la predisposición de la medalla al plagio europeo
al riesgo de las almas feroces al espejo que no condena
al letargo del absoluto a la probabilidad del cóctel
al cosmético inglés a la técnica con su meta
a los espíritus ajenos y al enfrentamiento con el reflejo.

Otra vez de las cadenas al críptico de la intemperie
a la venia de papel a las metáforas camaleónicas
a las imágenes barrosas a las líneas de porcelana
al panfleto al trabajo voluntario al casto Don Juan
al taurino barroco al franchutismo sin torre
a la oda al verde oliva a la seguridad de la inspiración
al goce de las renuncias a la armada ajena
al campanario del exilio al ya pasó el hambre
al escondite pedante y a la aparición diversionista.

A ese lugar un poco más intimista
Al altoparlante que imitó nuestro acento
A la fecha no indicada en la realidad
A los champiñones proféticos
A las pantallas curriculares
Al canto a sí mismo que encerró a otros
y ahora a la globalización de la rosa.

Porque es tiempo y tiempo fue la herida.
Porque talento y cultura fueron dardos anecdóticos.

La palabra soportó el peso metálico del boleto
La poesía no esperó al lenguaje en el horizonte
La voz viene entre el ritmo con sigilosa ancianidad

Y si este poeta se equivoca:
Porque aquí no está Dios.

Culpable será el pavo real,
que con su forma simpática
está en vías de exterminio.



Imperfectos creadores

A partir de nada comienzan el vuelo
Luego desnudos
Inician la acción imaginaria.
Como los autorretratos que inventan alas a sus ángeles
Como la guillotina que hipnotizó a Cagliostro
Como el piano que entró en dos patas a la musicoterapia
Como el norte que imantó a los presidentes de madera
Como los maravillas de la reacción comercial literaria.
Los escritores mienten.
Como el pulpo Como la telaraña.
Como el poeta diplomático
que importó té y como el que bebió en aquella cup.
Nombre de vanguardista
Como alcachofa que una a una se deshoja.
Sin supuesta superioridad de sabiduría
Sin el remordimiento del justiciero
Sin la baba del defensor del orden
Sin calificativos como puntos de referencia
Sin subentendidos que complican al lector
Sin impunidad frente a la critica literaria
Sin el cansancio de la raíz
Sin la ética pluralista del remolino.
Todo ese corazón teórico mientras orina
en las puertas de los prostíbulos.



El alcachofa transplantado

Con el illo perfectum de la versorrea
Con la historia de la musa que roba el texto
Con el curso 501 de Identidad Moderna
Con el sanguíneo terminal del turisteo social
Con el eterno mal de envoltorio
Con libros hechos para que nos pensemos
Muy pero muy y más inteligente.
Y desde que Macarena quebró la escoba
Escupió sobre el brillo del piso
Metió la plancha al horno
y se liberó del corazón espinado.
Intenta desesperadamente integrarse
a los vegetales de la izquierda multifacética.



Desconfía

De la dignidad del rocío en el champiñón
Del subjetivo dolor del canto
De las múltiples facetas del polvo
De la profunda unidad de los abecedarios
De la condición de la técnica del cuchillo
De la marca de la muerte por vivir
De la proximidad de la admiración a la huella
De los mordiscos de la mirada autocrítica
Del humus del abismo constructivista
Del cortacircuito de la palabra consciente
De los secretos formularios del perdón
De la mano que se dice destruida por el destino
De los fugitivos de las iniciales en las cortezas

Y en la luz como en la sombra,
desconfía
del poema de imágenes
que sólo intenta tocar los sentidos del lector.



LAS REUNIONES DE LOS PAISES GRANDES

Algo llevó mis ojos
a observar
y todos son jóvenes.

Algo me recuerdan sus máscaras antigases
Las matracas Los lanzaguas Las botas negras
Los escudos transparentes Los mercenarios
Las alambradas Los bastones eléctricos
Las balas Las de caucho Las en la carne
Los atrapadores Las calles en humo El grito
La consigna Los pañuelos La sal El limón
Las sirenas Las alarmas Las ambulancias
Los vehículos camuflados Las patadas
Los periodistas Las cámaras de la policía
Las vitrinas entabladas Las lacrimógenas
Los tanques Los aviones Los uniformes
Los sindicalistas encuadrados Los cascos
Los derechos humanos Los índices pacifistas
Los carros blindados Las barricadas

Los políticos partidos Los quebrados por la vida
La marihuana Los discursos Los cortes de luz
Las alianzas con moco La espera de la solidaridad
El movimiento de los lápices Las tomas de la mano
Los clichés Los populistas La contracultura
Los cordones traicionados Las cuerdas en las manos
La caminata El tren La marcha La manifestación
Las banderas Los póster Los murales La emboscada
El amigo El compañero El hombre nuevo El humano
Hasta luego Hasta siempre Hasta la victoria

este cuerpo ya más pesado
y mis panfletos comprometidos
en aprender de esos jóvenes.

Preguntas, sugerencias y colaboraciones enviar al correo-e:     pcnetinfo@panoramacultural.net