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2010-01-26 | Presentaciones | Por Eduardo CasarEduardo CasarEduardo Casar (México, D.F, 1952). Es Licenciado en Lengua y Literaturas Hispánicas por la UNAM. Tiene estudios de maestría en Literatura Mexicana en la FFy L de la UNAM. Actualmente elabora su tesis de doctorado en Letras, donde ya aprobó el examen de candidato a doctor.
festivalinternacionaldepoesiaenpuertorico.com/eduardocasar.html Poemas de Eduardo CasarQuisiera estar a dos pasos de ti. Y que uno fuera mío y el otro fuera tuyo. REFERENCIA para Andrea Te hablo desde la noche. Desde la lluvia que sé que te hace crecer porque mañana serás más profunda. Y aludo a las piedras. A las blancas de Vallejo y a las secas de León Felipe que perforarán -decía él- el firmamento, y a la que Drummond tenía en el medio del camino. Piedras que son referencias frente a otras piedras. Hija: te regalaré una honda. FÁBULA DE LA ANGUILA Y EL PULPO Algo le da a las cosas un clima de alberca, un aire a cloro y sal se desprende de la luz que quisiera mirar a través de las cosas. Algo pasa en el fondo. El pulpo se recarga y se mueve despacio y tercamente, como si quisiera desprenderse de la idea de una almohada que le está molestando. La anguila lo vigila, cabecea también y se va irguiendo para mirar qué pasa. El pulpo abre sus dos brazos más llenos y la anguila le toca con su boca más breve los labios duplicados en el centro del pulpo. Éste cierra los brazos que le quedan en torno de la anguila y no le deja más caminos que tensarse e insistir en el pulpo, y no dar sino a veces marcha atrás. Los dos se están moviendo, lubricados y vibran, convertidos en un solo animal que nos explica por qué se mueve el mar. DOMINGO Conozco a una mujer abierta por abajo. Se le hace agua la boca entre las piernas. Me da la espalda pero no se aleja. Nos volvemos a ver y se derrama. Revuelve su cabello entre mi frente. Parece que tuviera siete dedos en una sola mano. Sin ella no serviría el domingo. No flotarían los barcos en la fronda del agua. Conozco a una mujer abierta por abajo. Ya tendría que comprar más espejos. TU VOZ DENTRO DE MIS PALABRAS Por qué no te desnudas las manos. Por qué no me atraviesas con la boca. Dentro de estas paredes el mundo se completa, muerde a la tierra el mar y el viento le estremece la espalda, el arco donde el sol hunde sus manos. Saliva extensa, intensa, sudor, noche y planeta. Por qué no me separas los dedos con tu boca, las piernas con la llamarada flexible y negra de tu cabellera. Viájame por la sal, aprieta mis raíces. No existiremos luego y no existimos antes. Súbete en los colores del día que va emergiendo. Abraza al bosque entero y cúmplete en un vuelo desplegado. Combina el filo entre la muelle densidad del agua. Yedra tu corazón y que la vida estalle y la respiración sacuda su estructura y se desencadene. Mira cómo me muevo entre tus brazos. En tus manos desnudas, plenamente desnudas, con la voz sin ropaje y el gemido que tus labios retienen en mi boca. Cierro mis ojos dentro de los tuyos. LA OTRA Agarrar a la sombra por los hombros. Encararla. Decirle sombra recuerda que eres mía. Argumentar con ella. Escuchar sus razones oscuras, pulir los argumentos y tratar de que adopte nuestra cara. Poco a poco convencer a la sombra de volverse un espejo. Y luego darse cuenta de que no tiene caso el esfuerzo invertido (ni el precio del espejo) porque al pasar el tiempo nos desaira la sombra. Porque tanta insistencia, durante tanto tiempo, la fue volviendo noche. Y desaparecemos cuando lo cubre todo. ÉTICA A NICÓMANO Cómo me gustaría ser como yo. Tener el tiempo que yo tengo para salir a caminar cuando yo quiera, para leer lo que le venga en gana a mi gana más íntima y soltera; interrumpir sin que nadie se asfixie cualquier obligación etiquetada; para estar en pleno uso de la soberanía de ir a pie por las calles, descubriendo raíces que aparecen quebrantando las reglas del asfalto. Cómo me gustaría, deveras, dedicarme una noche a platicar conmigo, cada quien con su trago, discutir, discrepar, desentonarse, hasta que el pobre espejo se quedara dormido con el rostro apoyado sobre el azogue opaco. Cómo me gustaría que a los dos nos gustara la misma y que uno tuviera que ceder y cediera por desatarle al otro las dos manos. Cómo me gustaría que yo y que yo fuéramos tan amigos. NO ES QUE LA MUERTE No es que la muerte sea casa de segundo plano plato de segunda fila que no le demos la importancia que tuvo simplemente no nos impone un respeto tan grande no sabemos ni por qué cempazúchil simplemente no nos arrodillamos simplemente le invitamos su trago le ponemos su disco de Sabina y amanece borracha con nosotros y se peina y se va HIEROFANÍAS Si Dios viviera no sería un hombre justo. O lo sería solamente en el sentido más negro del humor: porque Él apunta y da siempre en el blanco: escoge a una niña que es capaz de deslumbrar con su sonrisa de solamente dos dientes diminutos y le derrumba un techo encima. Escoge a una mujer inteligente y bella y la encierra en un taxi con tres bestias que la cortan y la tiran. Dios tiene mucho instinto, es un bardo con tino como para dejar a Borges ciego y concederle una vista perfecta al francotirador asalariado. Aunque Dios es el autor intelectual parece que alguien le estuviera pagando. AL MAR SE DEBE Al mar le debe remorder la conciencia. No por los náufragos que se embarcan sabiendo, ni por el juego lubricado entre unas bocas y otras bocas mayores, ni por las agotadas gaviotas que renuncian. Sino que a veces una mirada se va distraída sobre la superficie y la tela se rasga aunque no quiera: la mirada zozobra, el horizonte restaña y finge calma eterna. Algo le duele al mar. Basta mirarle las orillas. ESA OLA Si tomamos una ola, la escogemos con pinzas entre todas y nos fijamos atentamente en su personalidad de ola, en su perfil preciso y su manera de hacer la curva que la vuelca hacia dentro de sí misma, y le medimos los decibeles que va desenvolviendo y la cauda de espuma y el diámetro de cada burbuja que la forma, cada línea de su hidrógeno doble que se revuelca y juega con pulseras de sal, con esa gracia exacta y con esos colores, dios, esos colores, con esa forma suya de rendirse, esa ola es una vida singular. Mira cómo se rompe y se va declinando como la rosa rosa en el latín, cuánto dura, es como un enunciado que ya no puede desliarse en los labios, otra ola la está sustituyendo y se va levantando de sus cenizas líquidas. No es la misma, pero es otra ola. Claro, el mar sigue, impresionante, gastando sus orillas con ese gesto azul de capital eterno. Pero esa ola, la nuestra, jamás volverá a repetirse. Por Eduardo Casar Del mismo autor | Categoría: Presentaciones Presentación y selección de poemas: Mario Meléndez |
Sábado 11/09 2010Seminario sobre la violación de los derechos humanos![]() Del programa: EE.UU.: terrorismo y bloqueoCuba: asistencia en salud y alfabetizaciónSeminario sobre la violación de los derechos humanos de los Cinco prisioneros cubanos por parte de los EE.UU., sobre el bloqueo económico y el terrorismo dirigido contra Cuba. Y también sobre el extraordinario aporte de Cuba para el desarrollo en América Latina, Africa y Asia. |
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