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2010-02-06 | Presentaciones | Por Antonio DeltoroAntonio DeltoroAntonio Deltoro (Ciudad de México, 1947). Fue jefe de redacción de la revista Iztapalapa (1979-1983), miembro del consejo de colaboradores de la revista Vuelta y coordinador cultural de la Casa del Poeta Ramón López Velarde.
Poemas de Antonio DeltoroNIEBLA Los sueños de los pájaros deben anidar por siempre en una nube como las ramas que acunas tú esta mañana. Esta intimidad en la que estoy me envuelve. Un día, tan sólo un día más, lo necesito para saber quién soy, qué escondes. No escampes, no abras tu ser, no dejes ver detrás de ti lo que no eres. Este sopor, este pudor tan míos están en ti; un día, tan sólo un día más en tu interior. No hay paz parecida a ti sobre la tierra, niebla rasante que tocas mi ventana. A UN EUCALIPTO Hablan mal del eucalipto porque se chupa la humedad, tiene raíces extendidas, es alto, peligroso, y con su madera no se pueden hacer vigas ni muebles confiables, su corteza tiene el tono solemne de la piel del camello y la tristeza de alguien ventoso y longevo. Aún hecho pedazos qué respeto le tengo, cuánta añoranza y seriedad y reverencia me produce ahora que ya no está. Sus rodajas dispersas por el pasto llevan dibujos: una bahía, un círculo, una gaviota, un escudo (arderán en la chimenea con la misma violencia que en Australia), sus olores, frutos del hacha y de la sierra, difieren del olor del eucalipto erguido, son más dulces e intensos pero se irán diluyendo. En cambio, donde todo era penumbra y cochinillas un hachazo de luz definitiva ha cortado de tajo la luz de ayer, la luz al sesgo colada por las ramas. ORACIÓN Todos los días riegas las plantas, haces los espacios del sol, exterminas las plagas que pintan las hojas con sus larvas, conduces la enredadera, hierves el agua para el té, eres la ordenadora de la luz y la que ordena y desordena mis horas nocturnas: la noche nos desborda y nos agarra: tú le das medida y desmedida, tú eres ancha y aprietas. GIROS Para Eugenio Montejo Mientras dormimos obscuros o por el sueño habitados hay ojos abiertos a la luz más allá de los mares. No nos despierta su atención, la tierra es redonda, su redondez protege nuestro sueño y gira para otorgar a todos luz y obscuridad; y si alguien vive con los párpados cerrados o abiertos a deshora, en contrapunto con el canto de los pájaros y el sol, como quien viaja en un tren en un asiento contrario al recorrido, la tierra sin apiadarse seguirá girando, porque sus giros son tiránicamente equitativos y nadie puede escapar a su rigor, que distribuye las horas. Barre la tierra con sus giros los colores y con sus giros barre la noche y giran las tumbas y giran los recién nacidos. SIN NARDOS Mi madre guardó la cortesía y el amor a los nardos hasta los últimos momentos: al entrar, la enfermera nos dijo en voz muy baja que no le convenían esas flores; nosotros, a un gesto de mi madre, que era adivina, sin chistar las retiramos, como lo hacíamos cuando llegaba a la casa un amigo al que le producían los nardos desazón y tristeza. Los nardos eran las flores de mi madre por su olor y su blancura, por su forma y sus tallos; también por sus recuerdos. En sus fiestas sabíamos que nardos y pasteles, el humo del tabaco y el sabor del café se mezclarían, siempre que no llegara ese amigo que asociaba, como la enfermera, los nardos con la muerte, como si a la muerte la guiaran ciertos olores y la extraviaran otros más sutiles, como si la muerte no supiera, como nadie, el camino y la hora. NOMBRES No hay lunes para las montañas ni para los huracanes. No hay sábados para las nubes ni días laborales. Ni el zopilote planea, ni el alacrán se esconde, ni el agua hierve o corre de manera distinta un viernes de un domingo. Bajo los nombres de los días nos sentimos al abrigo de los meteoros mayores, los años y las décadas, cuyos nombres son números, cantidades enormes. Algún día diremos "hasta el lunes" y no viviremos para entonces. Si yo te llamo "Pedro" y tú te llamas "Pedro", tú respondes. Si yo le llamo "Lunes", el tiempo no me oye. CAMA Esta cama es un árbol en estado de coma: cuando quiere ponerse de pie la inundan la abulia y la melancolía y entonces adopta la forma resignada que se deja llevar. Otras veces, harta de permanecer, no se adhiere a su destino a la deriva y hunde sus deseos en el suelo: quiere definitivamente despertar o morir, dar fin a las tareas que la ligan al firmamento y los hombres, perder para siempre las patas que la separan de la tierra: la cana esta cruzada por rayas de día y noche, de tigre y cebra. ¿Cómo entrar al sueño al que nos invita la cama, aliada de la noche y de la tumba, mestiza de sueños y de pesadillas? ¿De nuestros sueños, de nuestros amores y desamores, de nuestras pepeas y reconciliaciones sabe esta cama? Siento que me dicta los sueños: su madera tiene pesadillas de fuego yo, afiebrado, sueño con agua. FÁBULA Nos dio el gato y la liebre para que supiéramos la distancia entre lo que se puede tocar y lo intocable. Quizás los conejos, para que no confundiéramos gato con liebre. Al leopardo le debemos la belleza de la caza solitaria, y los lobos fueron el don para que aprendiéramos a cazar en jauría. La red de la araña, dicen los chinos, nos la dio para que aprendiéramos a viajar por hilos de seda y hacer sopa de nidos de golondrina. Sin los animales seguiríamos en la planicie de la especie. ¿Por qué nos hizo nacer? ¿Por qué nos devora? Hay que darle las gracias, sin preguntarse demasiado, y bendecir a las presas que pasan, como pasaremos nosotros, por su vientre. RAYAS Para Eduardo Lizalde No conocen los tigres el sueño absoluto del oso, los tigres no duermen por entero y en su vigilia acechante hay una capa de luna y de silencio. En el sueño más profundo de un tigre, un tigre está despierto; para él los días y las noches son franjas de un eterno retorno, de un nirvana amarillo y obscuro. El tigre es más tigre en las horas nocturnas, en ellas todo el tigre se despliega: inaudible, invisible, obscuro, ensangrentado. Cuando busca sus presas, cuando las embosca, cuando salta abatiéndolas, el tigre es un sonámbulo. El tigre sueña con la caza cuando sueña y cuando caza, y devora a sus presas con ojos traslúcidos de sueño: todo tigre tiene una capa de luna y de silencio para cazar dormido con los ojos abiertos. Por Antonio Deltoro Del mismo autor | Categoría: Presentaciones Presentación y selección de poemas: Mario Meléndez |
Sábado 11/09 2010Seminario sobre la violación de los derechos humanos![]() Del programa: EE.UU.: terrorismo y bloqueoCuba: asistencia en salud y alfabetizaciónSeminario sobre la violación de los derechos humanos de los Cinco prisioneros cubanos por parte de los EE.UU., sobre el bloqueo económico y el terrorismo dirigido contra Cuba. Y también sobre el extraordinario aporte de Cuba para el desarrollo en América Latina, Africa y Asia. |
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