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Publicado: Martes, 13 de junio de 2017

El terrorismo sagrado contra los infieles

Por Javier Claure C.


Segunda y última parte

Para, Eli Göndör, escritor y experto en asuntos de Medio Oriente; los terroristas religiosos dan una solución rápida a su vida. Y esa solución está relacionada con el fracaso y la frustración. Afirma que no todos los que salen de su terruño alcanzan sus sueños en el país acogedor. La vida en Occidente es totalmente diferente a la de su país de origen. Este hecho puede producir una disonancia cognitiva, especialmente entre los varones. En otras palabras, lo que buscaban con toda su alma y no lo consiguieron, puede transformarse en actos de terror que comprende cuatro puntos (Göndör)


1) Occidente es malo e inmoral
2) Se debe atacar contra Occidente
3) Tú como ejecutor eres un elegido ideal
4) La solución es la violencia

El suicidio, o sea quitarse la vida por cuenta propia, es asociado por la mayoría de la gente con la depresión y enfermedades mentales. No obstante, la correlación que existe entre el suicidio y la depresión o entre una enfermedad mental y el suicidio no siempre es directa. Hay otros factores que conducen al suicidio.

Èmile Durkheim (1858 – 1917, Francia) considerado el padre de la sociología, junto a Max Weber y Karl Marx, hizo estudios estadísticos acerca del suicidio. Llegó a la conclusión, entre otras cosas, que el suicidio es menos frecuente en sociedades con una cohesión social fuerte. Es decir, en sociedades donde la familia, el clan, la solidaridad etcétera juegan un papel importante. No niega los estudios psicológicos sobre el suicidio. Más bien lo ve desde otra perspectiva. Para Durkheim, el suicidio es un fenómeno social y, por consiguiente, debe ser analizado desde el punto de vista sociológico. En su libro titulado “El suicidio”, publicado en 1897, explica que existe cuatro tipos de suicido: el suicidio anómico, el suicidio fatal, el suicidio egoísta y el suicidio altruista.

Suicidio egoísta: Es aquel que se caracteriza por un individualismo extremo. El individuo no está integrado en la sociedad y crea sus propias leyes, normas y objetivos. No existen lazos fuertes con la sociedad y, por eso, es propenso al suicidio. Los incidentes que pasan en la vida privada del sujeto, que se interpreta como causas para el suicidio, están condicionados por factores sociales.

Suicidio altruista: Es aquel en donde el individuo se quita la vida en honor a un colectivo social. El sujeto se siente totalmente absorbido por el grupo al cual pertenece. Su vida es insignificante. Y, en consecuencia, sigue al pie de la letra los mandatos o exigencias del grupo. El altruista vive aislado porque tiene que cumplir una misión que está fuera de él.

La conducta de Akilov se encuadra en esos dos tipos de suicidio. Es un hombre separado, sus hijos están a miles y miles de kilómetros de él. No tenía trabajo fijo, lo cual indica que era una persona limitada económicamente y estaba buscado por la Policía. En otras palabras, vivía aislado. No era, para nada, una persona asimilada y menos integrada en la sociedad sueca. Probablemente esta situación lo llevó a radicalizarse en una posición susceptible para Occidente. Además, creó sus propias leyes, normas y creencias para aplicarlas en una de las calles peatonales más céntricas de Estocolmo.

Todo terrorista guiado por teorías religiosas es suicida, y esta conducta se ha visto en muchos lugares del mundo. Akilov podía haber muerto por el impacto del choque entre el camión y la fachada del almacén Åhlens. Tomando en cuentas todos estos datos, se puede deducir que Akilov se entregó, por completo, a su grupo y a una convicción religiosa. Su vida pasó a ser despreciable, y prefirió seguir las palabras de algún líder que malinterpreta su religión. Y, en efecto, ejecutó su cometido, matando e hiriendo a muchas personas, para alcanzar una supuesta gloria divina en el cielo.

Lo triste de este tipo de actos cometidos por cierto individuos cargados de fanatismo y odio, es que han contribuido a que “justos paguen por pecadores”.
A esto se suma, la ya existente xenofobia, islamófobia y racismo en Europa. El aumento de intolerancia hacia ciertos grupos se ha hecho aún más visible con el surgimiento de partidos políticos de ultraderecha que atacan, desde todos los ángulos, a las minorías étnicas, religiosas y sociales.
El populismo ultranacionalista va ganando terreno en muchos países europeos, y los partidos de ultraderecha se acomodan en los Parlamentos de Europa. En Suiza, el Partido Popular Suizo goza de 65 asientos, de un total de 200, en el Consejo Nacional. Esto significa que alcanzan el 28% de los votos. El Partido Jobbik de Hungría obtuvo el 20% de los votos en las últimas elecciones, colocándose como la tercera fuerza en el Parlamento. El Partido islamófobo, de Geert Wilders, en Holanda llamado Partido por la Libertad alcanzó el 15,5% del electorado. En Noruega, el Partido del Progreso, del que formó parte el terrorista Anders Behring, obtuvo el 22,9 % de los votos en el Parlamento. El Partido Verdaderos Finlandeses llegó a conseguir el 19% de los votos parlamentarios en Finlandia. El Partido Popular Danés obtuvo el 13,8 % de los sufragios en las últimas elecciones. En Suecia, el Partido Demócratas de Suecia, con raíces vinculadas al neonazismo, obtuvo el 12,9 % de los votos en el Parlamento en las elecciones del 14 de septiembre de 2014. El Partido Frente Nacional de Francia, liderado por Marine Le Pen, es un emblema de la ultraderecha europea. Y así se podría citar también a otros países.

Las crisis económicas, la vulnerabilidad en los mercados, la corrupción y la inestabilidad política son síntomas que afectan enormemente a una sociedad de bienestar. Y que muchas veces se confunde acusando a las minorías étnicas como “chivos expiatorios” de todos los males y desastres sociales. Muchos periódicos de corte derechista difunden información negativa de ciertas etnias minoritarias. El objetivo es adoctrinar a la población y crear, por ejemplo, prejuicios para no mantener una diversidad religiosa. Una persona inocente con rasgos físico “no occidentales” y diferente vestimenta puede ser acusada como sospechosa. Pero es un grave error generalizar a consecuencia de una minoría fanática y extremista. El terrorismo no tiene religión, no tiene raza ni color.

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